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Lo que una abeja me reveló en diez segundos… Me mostro como entendemos el Universo

  • 1 jul
  • 4 min de lectura
Lo que una abeja me reveló en diez segundos… Me mostro como  entendemos el Universo
Lo que una abeja me reveló en diez segundos… Me mostro como entendemos el Universo

Querida familia de reikistas,

Ayer, entre una sesión y otra, el Universo decidió darme una clase.

No llegó en forma de un libro.

Ni de una meditación.

Ni de una canalización.


Llegó en forma de una pequeña abeja.


Estaba sentada en mi oficina esperando a mi siguiente paciente.

El sol de la tarde atravesaba el gran ventanal e iluminaba la esfera de cristal que cuelga frente a la ventana. Decenas de pequeños arcoíris llenaban la habitación. Mientras los observaba, reflexionaba sobre algo que aparece una y otra vez en mis consultas y también en mi propia vida.


Vivimos creyendo que somos libres.

Pero, en realidad, vivimos sostenidos por métodos.

No hablo de técnicas.

Hablo de esas estructuras invisibles con las que aprendimos cómo "debería" funcionar la vida.


Cómo debería llegar el dinero.

Cómo debería aparecer el amor.

Cómo debería manifestarse la sanación.

Cómo debería responder Dios.

Cómo debería actuar el Universo.


Son métodos tan antiguos que ya ni siquiera los cuestionamos.

Y, sin embargo, son ellos los que muchas veces mantienen prisionera nuestra conciencia.


Mientras pensaba en esto escuché un zumbido.

Una abeja había entrado en la oficina.

Durante unos segundos simplemente la observé.


Volaba desesperadamente contra el vidrio del ventanal.

Una y otra vez.

Una y otra vez.

La salida estaba abierta.

Apenas a unos centímetros.

Pero ella insistía exactamente en el único lugar donde jamás iba a encontrar la libertad.


Entonces me levanté.

Tomé una hoja de papel con la intención de acercarla suavemente hacia la ventana abierta.


Pensé que sería sencillo.

No lo fue.

Cada vez que acercaba la hoja...

la abeja se alejaba todavía más.

Se agitaba.

Se desesperaba.

Golpeaba con más fuerza el mismo vidrio.


Y de pronto comprendí algo que me dejó en silencio.

La abeja no estaba luchando contra el vidrio.

Tampoco estaba luchando contra mí.

Estaba luchando contra la interpretación que hacía de mí.


Aquella hoja, que era el único puente hacia su libertad, había sido traducida por su pequeña mente como una amenaza.


Entonces dejé de mover el papel.

Respiré profundamente.

Y, aunque pueda parecer extraño, comencé a hablarle.

Le dije:

"Confía. Mi intención no es detener tu vuelo. Es ayudarte a recordar el camino."


Pasaron unos segundos.

La abeja dejó de golpearse.

Su pequeño cuerpo seguía agitado.


Después ocurrió algo extraordinario.

Se acercó lentamente.

Y se posó sobre la hoja.


La acerqué con cuidado hacia la ventana abierta.

Ya estaba afuera.


Pero entonces apareció una segunda enseñanza.

No volaba.

Seguía aferrada a la hoja.

Había soltado el viejo método...

para convertir el nuevo en otro apego.


Sonreí.

Y nuevamente le hablé.

"Ahora también podés soltar esto. Ya estás donde siempre quisiste estar."


Pasaron apenas unos segundos.

Abrió sus alas.

Y desapareció en el cielo.

Cerré la ventana.

Volví a sentarme.


Y comprendí que aquella abeja acababa de regalarme una de las enseñanzas más profundas de mi vida.

Porque, de pronto, todo adquirió un significado diferente.


La abeja era mi mente.

La hoja era el nuevo método que el Universo le ofrecía.

La ventana no era el problema.


El problema era insistir una y otra vez en atravesarla utilizando el mismo método.


Entonces me pregunté...

¿cuántas veces hacemos exactamente lo mismo?


Pedimos abundancia.

Pero seguimos intentando alcanzarla desde la misma conciencia de escasez.


Pedimos paz.

Pero seguimos utilizando la misma mente que fabrica el conflicto.


Pedimos propósito.

Pero seguimos esperando sentirnos completamente preparados antes de responder al llamado.


Pedimos una vida diferente...

mientras repetimos exactamente la misma forma de interpretarla.


Y entonces comprendí algo todavía más revelador.

Quizás el Universo nunca dejó de responder nuestras oraciones.

Quizás somos nosotros quienes seguimos huyendo de la respuesta.


Porque casi nunca llega con la forma que imaginamos.

Llega como una conversación inesperada.

Como una persona.

Como un libro.

Como una pérdida.

Como una oportunidad que asusta.

Como un viaje.

Como un maestro.

Como una formación.

Como un silencio.

Como una simple hoja de papel.


Pero nuestra mente ordinaria hace exactamente lo mismo que aquella abeja.

Lo interpreta como una amenaza.

Y vuelve a golpearse contra el mismo vidrio de siempre.


Los antiguos sabios comprendieron esto hace miles de años.

Por eso nunca comenzaban enseñando energía.


Primero enseñaban a observar la mente.

Porque una mente sin revisar termina convirtiendo incluso la espiritualidad en otro método de control.

Acumulamos símbolos.

Acumulamos iniciaciones.

Acumulamos cursos.

Acumulamos conocimientos.


Pero seguimos utilizando la misma conciencia que creó el sufrimiento.

Y entonces el Reiki deja de ser un camino de transformación...

para convertirse en una colección de herramientas.


El Zen propone algo completamente diferente.

No intenta agregar.

Intenta quitar.

Quitar todo aquello que impide ver que la salida siempre estuvo abierta.


Que el Universo jamás dejó de sostenernos.

Y que muchas veces lo único que necesitábamos no era hacer más...

sino confiar en una forma completamente nueva de caminar.


Quizás mientras leías este escrito, el Universo volvió a acercarte una hoja.

Quizás no tiene la forma que esperabas.

Quizás no utiliza el método que conocés.

Y justamente por eso tu mente desconfía.


Mastermind Zen Reiki nació para entrenarnos en ese instante.

El instante en el que dejamos de golpear el vidrio.

El instante en el que dejamos de luchar contra la vida.

El instante en el que aprendemos, por fin, a confiar en la Inteligencia que siempre estuvo intentando conducirnos hacia nuestra verdadera libertad.


Porque el verdadero maestro no enseña nuevos métodos.

Nos ayuda a reconocer el método invisible con el que llevamos toda la vida interpretando la realidad.

Y cuando ese método cambia...

cambia todo.


Con amor y devoción,

Indra


Si quieres descubrir mas sobre la Mastermind Zen reiki

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